Las emprendadas ibicencas vigilan nuestra espalda
Son la guardia pretoriana de nuestra fortuna. Un vestido rojo, carmín en los labios y una onda de pelo moreno que cae sobre el rostro. A su lado un caballero se desata la pajarita. Nervios a flor de piel y silencio.
Un último sorbo de ese extraordinario Single Malt. Una carta más para el Black Jack. Esta noche celebramos la suerte.